• La robotización ayuda al profesional de los RRHH, no solo de forma cuantitativa, sino también cualitativa.
  • La Inteligencia Artificial de Elenius es capaz de predecir el comportamiento emocional de las personas.
  • Los reclutadores humanos empiezan a compartir sus tareas con las máquinas.

El algoritmo ADNe y la robot Elenius The Recruiter siguen demostrando que los reclutadores humanos tienden a ser más selectivos y discriminadores que la Inteligencia Artificial. De hecho, empresas como EY, Accenture, Grupo Volkswagen o Mahou-San Miguel ya están activando dicho algoritmo en algunos de los procesos relacionados con la gestión del talento.

¿La causa? “La imposibilidad de los reclutadores humanos para procesar tanta información manteniendo un elevado nivel de objetividad“.

Recientemente este innovador RPAS (Robotic Process Automation Software) cuyo nombre responde a Elenius, tuvo un caso en el que con una muestra de 549 candidatos que habían remitido sus datos para cubrir 32 vacantes cuyas funciones eran las relativas a la “atención al cliente” de una conocida entidad bancaria. La robot Elenius destacó que el 35,15% de los candidatos poseían con diferente intensidad, las características emocionales y funcionales adecuadas para ese puesto concreto en esa empresa. Todo ello, en 3 segundos.

Elenius seleccionó a 193 personas, considerándolas adecuadas para cubrir los puestos ofertados y además, aportando un ranking preciso (todos ellos eran adecuados). La robot desestimó por incompatibilidad emocional y funcional a 356 candidatos cerrando así el proceso de selección para cubrir dichas 32 vacantes.

Una vez hecha la selección y remitidos los resultados a la entidad bancaria, un equipo de reclutadores humanos de dicha organización confió únicamente en las habilidades cuantitativas de Elenius, realizando una criba posterior (cualitativa) de estos 193 candidatos validados, seleccionando a 48 individuos según su criterio “humano”, dejando sin opciones a 145 personas supuestamente adecuadas, las cuales representaban el 75,13% de los aceptados.

De estos 48 individuos, se localizaron y acordaron una entrevista personal, 24 personas (50,00%). Los motivos alegados fueron muy variados; desde que los candidatos no cogían el teléfono, no habían mostrado un mínimo interés (según la percepción del reclutador en la contestación de dichos candidatos), no respondieron al mail de aviso, estaban en otros procesos de selección, etc…

Finalmente se citaron a 10 candidatos (el 41,67% de los contactados), para ser contratados únicamente 2 individuos, quedándose fuera el 80,00% de los candidatos confirmados por la Inteligencia Artificial de Elenius The Recruiter.

“Aunque la robotización ayuda mucho a nivel cuantitativo, lo cierto es que ya se empieza a asumir que también lo puede hacer a nivel cualitativo ”.

Parece ser que mientras la IA propone un 35,15% de los candidatos, los reclutadores humanos únicamente validan al 0,36% de la muestra, pero en realidad no es así, “ya que la limitación humana se manifiesta como prejuicios en clave de filtros de índole subjetiva, consecuencia de la falta de tiempo para realizar su trabajo con todo el rigor que desearían“.

El hecho es que con estas cifras, parece que estamos perdiendo la batalla contra el desempleo por “desconfianza” en la IA. Nos referimos a “grandes números”; a esas cifras que mencionamos cuando decimos que tenemos una tasa del 18% o del 15% de desempleo, relativos a cientos de miles y hasta millones de personas.

Según los cálculos realizados por Elenius, para cubrir 100.000 puestos de trabajo a través de procesos de selección tradicionales, serían necesarios más de 27.000.000 de curriculums recibidos, pero creo que… “La cuestión no está en comparar las habilidades y destrezas humanas con respecto a las denominadas artificiales, sino en colaborar, participar y compartir dichas habilidades.

El reclutador humano, para ser más eficiente, debe ir acostumbrándose a tener como compañera de trabajo a una robot como Elenius. Algo que se empieza a normalizar. Se trata de eso… de colaborar”.

Autor: Elías Azulay.